Un mensaje de bienvenida y agradecimiento

deseo agradecer tu presencia en este espacio, tu decisión de dedicar una parte de tu vida a "escuchar" al otro.
y es que uno escribe lo que piensa con la ilusión que alguien se sienta humanamente identificado.

al final de esta página está el enlace a "entradas antiguas"... te invito a que las visites también. ¡bienvenid@!

miércoles, 21 de marzo de 2007

Derecho: igualdad y desigualdad

...a una sociedad desigual corresponde un derecho desigual, pero directamente proporcional entre sí. El derecho moderno lo que ha construido es, sobre un fondo social de desigualdad y explotación, una comunidad jurídica abstracta...que confunde y que apoya, latentemente, el orden social capitalista.

Para una sociología del derecho: norma y conducta social; Simeón González

viernes, 16 de marzo de 2007

¡Las maravillas de la inversión extranjera! desde siempre hasta hoy


Hello Amigo! Chiquita admite haberle pagado a paramilitares colombianos.

Una de las empresas bananeras más grandes del mundo accedió a declararse culpable de pagarle a un grupo paramilitar colombiano de derecha. Chiquita Brands International pagará una multa de 25 millones de dólares como parte de un acuerdo por haber realizado pagos a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

El Departamento de Justicia afirma que Chiquita pagó más de 1,7 millones de dólares entre 1997 y 2004. Casi la mitad de los pagos se realizó luego de que el grupo paramilitar fue designado organización terrorista extranjera en 2001.

Chiquita reconoció anteriormente haber realizado pagos no especificados para “protegerse” de lo que afirma fueron amenazas de grupos militantes. Chiquita –conocida anteriormente como United Fruit Company- ha sido acusada en varias oportunidades de estar vinculada a actividades delictivas en sus negocios en América Latina.


sábado, 10 de marzo de 2007

Esta vez, fracaso

Lo veo ahora, patente, el capitán borracho, como toda su oficialidad y el bigotudo patrón de la embarcación vecina, con su gesto adusto por el vino malo y la risa furiosa de los presentes mientras relataban nuestra odisea: son unos tigres, oye; y seguro que ahora están en tu barco, ya lo verás en altamar. Esta frase o una parecida tiene que haber deslizado el capitán a su colega y amigo. Pero nosotros no sabíamos nada, faltaba sólo una hora para que zarpara el barco y estábamos perfectamente instalados, cubiertos totalmente por una tonelada de perfumados melones, comiendo a tres carrillos. Conversábamos sobre lo gaucho que eran los “maringotes” ya que con la complicidad de uno de ellos habíamos podido subir y escondernos en tan seguro lugar, cuando oímos la voz airada y un par de bigotes, que se nos antojaron mayores, en aquel momentos emergieron de quién sabe de qué ignoto lugar sumiéndonos en una confusión espantosa. La larga hilera de cáscara de melón perfectamente pulida flotaban en fila india sobre el mar tranquilo. Lo demás fue ignominioso. Después nos decía el marinero - yo lo hubiera desorientado, muchachos, pero vio los melones y al tiro inició una p. que no se salvó la madre ni se su hijo, creo tiene un vino malo el capitán, muchachos - Y después (como con vergüenza)... - ¡no hubieran comido tanto melón muchachos!

Uno de nuestros viejos compañeros del San Antonio, resumió toda su brillante filosofía en esta galana frase: - Compañeros, están a la hueva de puros huevones ¿por qué no se dejan de huevadas y se van a su huevona tierra? Y algo así hicimos: tomamos los bártulos y partimos rumbo a Chuquicamata, la famosa mina de cobre.
Pero no era una sola jornada. Hubo un paréntesis de un día en el cual fuimos despedidos como corresponde por los entusiastas marineros báquicos.





Tumbados bajo la sombra magra de dos postes de luz, al principio del árido camino que conduce a los yacimientos, pasamos buena parte del día intercambiando algún grito de poste a poste, hasta que se dibujó en el camino la silueta asmática del camioncito que nos llevó hasta la mitad del recorrido, un pueblo llamado Baquedano.

Allí nos hicimos amigos de un matrimonio de obreros chilenos que eran comunistas. A la luz de una vela con que nos alumbrábamos para cebar el mate y comer un pedazo de pan y queso, las facciones contraídas del obrero ponían una nota misteriosa y trágica, en su idioma sencillo y expresivo contaba de sus tres meses en la cárcel, de la mujer hambrienta que lo seguía con ejemplar lealtad, de sus hijos, dejados en la casa de un piadoso vecino, de su infructuoso peregrinar en busca de trabajo, de los compañeros misteriosamente desaparecidos, de los que se cuentan que fueron fondeados en el mar. El matrimonio aterido, en la noche del desierto, acurrucado uno contra el otro, era una viva representación del proletariado de cualquier parte del mundo. No tenía ni una mísera manta con que taparse, de modo que le dimos una de las nuestras y en la otra nos arropamos como pudimos Alberto y yo. Fue esa una de las veces en que he pasado más frío, pero también, en la que me sentí un poco más hermanado con ésta, para mí, extraña especie humana.

A las 8 de la mañana conseguimos el camión que nos llevara hasta el pueblo de Chuquicamata y nos separamos del matrimonio que estaba por ir a las minas de azufre de la cordillera; allí donde el clima es tan malo y las condiciones de vida son tan penosas que no se exige carnet de trabajo ni se le pregunta a nadie cuáles son sus ideas políticas. Lo único que cuenta es el entusiasmo con que el obrero vaya a arruinar su vida a cambio de las migajas que le permiten la subsistencia.

A pesar de que se había perdido la desvaída silueta de la pareja en la distancia que nos separaba, veíamos todavía la cara extrañamente decidida del hombre y recordábamos su ingenua invitación: - vengan camaradas, comamos juntos, vengan, yo también soy atorrante -, con que nos mostraba en el fondo su desprecio por el parasitismo que veía en nuestro vagar sin rumbo.

Realmente apena que se tomen medidas de represión para las personas como ésta. Dejando de lado el peligro que puede ser o no para la vida sana de una colectividad, “el gusano comunista”, que había hecho eclosión en él, no era nada más que un natural anhelo de algo mejor, una protesta contra el hambre inveterada traducida en el amor a esa doctrina extraña cuya esencia no podría nunca comprender, pero cuya traducción: “pan para el pobre” eran palabras que estaban a su alcance, más aún, que llenaban su existencia.

Y aquí los amos, los rubios y eficaces administradores impertinentes que nos decían en su media lengua: - esto no es una ciudad turística, les daré una guía que les muestre las instalaciones en media hora y después harán el favor de no molestarnos más, porque tenemos mucho trabajo. La huelga se venía encima. Y el guía, el perro fiel de los amos yanquis: “ Gringos imbéciles, pierden miles de pesos diarios en una huelga, por negarse a dar unos centavos más a un pobre obrero, cuando suba mi general Ibáñez esto se va a acabar”. Y un capataz poeta “esas son las famosas gradas que permiten el aprovechamiento total del mineral de cobre, mucha gente como ustedes me preguntan muchas cosas técnicas pero es raro que averiguen cuántas vidas ha costado, no puedo contestarle, pero muchas gracias por la pregunta, doctores”.

Eficacia fría y rencor impotente van mancomunados en la gran mina, unidos a pesar del odio por la necesidad común de vivir y especular de unos y de otros, veremos si algún día, algún minero tome un pico con placer y vaya a envenenar sus pulmones con consciente alegría. Dicen que allá, de donde viene la llamarada roja que deslumbra hoy al mundo, es así, eso dicen. Yo no sé.

lunes, 5 de marzo de 2007

No me pongan en lo oscuro
A morir como un traidor;
Yo soy bueno, y como bueno
Moriré de cara al Sol.

José Martí, Versos Sencillos

domingo, 25 de febrero de 2007

Una razón de mi razón

Desde abril del 2004 hasta hasta finales de julio, si mal no recuerdo, estuve hospitalizado en dos centros de la Caja de Seguro Social.

En el salón de intensivos -dónde según el doctor yo era el que peor estado presentaba entre los pacientes, a pesar que nunca escuche señales de vida en las camas alrededor- añoraba una Coca Cola de esas que parece que te queman la garganta del frío. Hasta en esos sitios se extiende la propaganda y el consumo.

Cuando subí a la Sala de Neuro lo primero que pedí fueron libros. Papá me llevó uno de Sociología y los 12 Cuentos Peregrinos de García Márquez. También me llevó un espejo, tenía ansias de verme la cara tras casi 15 días de no hacerlo.

Al instalarme en el geriátrico -para recibir terapia- después de muchas dudas, mandé a llamar una estatuilla del Cristo Negro de Portobelo. Es de la última vez que fuí, 21 de octubre de 2003.

No niego ni afirmo nada hasta que no tenga pruebas. Trato siempre de hacer lo que como ser humano me corresponde de acuerdo a mi conciencia. No sé de iglesias ni me paso el día pensando en la posibilidad de fuerzas extrañas. No es mi tarea, no es fundamental.

Creo que voy desde 1998 -este año pienso volver- cuando fui a "turistear" por invitación del cura de la iglesia de mi barriada, con quién tratamos de hacer actividades de verano para niños de barrios marginales cercanos. Todos los años siguientes estuve presente en Portobelo.

No asisto por cuestiones de fe, sino por conciencia de clase. Si todos los que estamos en ese pueblo ese día, dedicásemos la mitad de la fuerza y la ilusión depositada en caminatas, penas, velas, oraciones, lágrimas, sudor... en hacer realidad nuestras esperanzas con nuestras manos y cerebros, cuántas cosas necesarias ya hubiésemos conseguido por métodos terrenales, tangibles, posibles.

Cuando la imagen está por salir de la iglesia en procesión, una música de gran fuerza estremece toda la estructura y con ella a todos los presentes. Es una explosión de la cual nadie, por muy materialista, objetivo, amigo de Carlitos Marx, lo que sea, puede escapar por el simple hecho que somos humanos y la sangre caliente corre por nuestras venas.

3 pasos adelante, 2 pasos hacia atrás, al compás siempre y de izquierda a derecha, 20 hombres o más cargando un enorme peso, pidiendo o agradeciendo. Por días estuve escuchando el sonido. Pedí que lo llevaran.

Hay un dicho: "Yo no creo en brujas. Pero de que las hay, las hay". Un día prometí que si me levantaba de la cama -llegué a mover sólo del cuello para arriba y ese era el pronóstico- seguiría estudiando lo que ya había empezado, derecho, sin prestarme a las porquerías que en nombre de la ley maltratan el ideal de justicia.

Hoy sigo haciendo terapias como desde hace ya casi 3 años, la mano del doctor Sánchez Cárdenas hizo magia con mi médula espinal, he perdido la cuenta de los fisioterapistas que me han ayudado. Pero uno al fin y al cabo no sabe ni por qué está aquí, ni por qué sigue aquí, ni cuándo ni por qué se va, como tantos de mis vecinos de cama que vi partir.

No lo niego, este pueblo del cual soy parte tiene cosas que me desesperan, pero aquí nací. En un pequeño espacio de la gran nación que un día recuperará la Florida, Nuevo Méjico, California, todo lo arrebatado, desde el Río Grande hasta el Cabo de Hornos, de la Sierra Maestra a la Cordillera de los Andes. Pertenezco a este pueblo enorme con sus virtudes y defectos que desafiando la historia occidental, lleva más de 500 años de resistencia sin haber podido jamás ser conquistado. Sin haber sido vencido.

Soy un pequeño grano de tierra buscando tareas para seguir cumpliendo una palabra. No puedo, ni quiero, dejar de ser lo que soy.

Por qué escribimos, Roque Dalton


Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.
Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan, hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.


Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.


Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.


Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.

viernes, 16 de febrero de 2007

agua! agua! agua! weee!

Cuando el compañero Benjamín llegue al poder (...) organizará los mejores carnavales en la historia patria, para inaugurar por todo lo alto un nuevo período: la 2ª República.
El viernes desde mediodía será libre para todos, sábado, domingo, lunes serán uno más increíble que el otro. Será la alegría del pueblo.
¿El martes de carnaval? Preservativos, sancocho y seco para todos. ¿Seco?...mejor whisky y vodka. Secaremos temporalmente los ríos adyacentes para que el jolgorío popular sea insuperable.
A la medianoche del martes, quién se encuentre en la calle celebrando, recibirá fuego de metralla.
En cinco minutos limpiaremos este país de la basura inconsciente que contribuye proporcionalmente al desequilibrio ecológico global.
Pueblo imbécil, manada de idiotas, incapaces de luchar. Se conforman con una ilusión de cuatro días en lugar de responsablemente buscar su bienestar. Nos merecemos todos los muertos en buses incendiados, envenenados por medicamentos, la pésima atención de salud y educación, nos merecemos toda la miseria que sufrimos.
Al día siguiente, lo más seguro, algún levantamiento popular (...) acabará con mi vida. Pero esa era mi misión, despertar un pueblo muerto.
Ojalá jamás ocurra una historia como la anterior, pero ésto es lo que siento hoy en un país conformista. Es verdad, mis estudios en derecho se dirigen hacia los derechos humanos, pero quién no cumple su deber que no se queje cuando le violentan un derecho.

domingo, 11 de febrero de 2007

UNA, Humberto Ak'abal (maya k'iche)

Una polilla

después de pensarlo bien,

decidió conocer el arte:

hizo el viaje

más bello de su vida,


de pasta a pasta

una Antología

de la Poesía Universal.