Un mensaje de bienvenida y agradecimiento

deseo agradecer tu presencia en este espacio, tu decisión de dedicar una parte de tu vida a "escuchar" al otro.
y es que uno escribe lo que piensa con la ilusión que alguien se sienta humanamente identificado.

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lunes, 5 de noviembre de 2007

de La Madre, obra de M. Gorki, capítulo 25 de la segunda parte

-Somos socialistas. Esto significa que somos enemigos de la propiedad privada que desune a los hombres, los arma unos contra otros, crea una inconciliable rivalidad de intereses, miente pretendiendo ocultar o justificar este antagonismo y pervierte a los hombres con la mentira, la hipocresía y el odio.

Nosotros decimos: una sociedad que considera al hombre como un instrumento para enriquecerse, es antihumana, y nos es hostil; no podemos aceptar su moral, hipócrita y embustera. Su cinismo y su crueldad hacia la persona humana nos repugnan; queremos luchar, lucharemos contra todas las formas de servidumbre física y moral del hombre hacia semejante sociedad, contra todos los procedimientos, por medio de los cuales se le aplasta en provecho de la ambición.

Nosotros, obreros; nosotros, cuyo trabajo ha creado todo, desde las máquinas gigantescas hasta los juguetes de los niños; nosotros, a quienes se ha privado del derecho de luchar por nuestra dignidad humana, y cada uno se arroga el privilegio de hacer de nosotros instrumentos para alcanzar su objetivo, nosotros queremos ahora tener la libertad suficiente para que, con el tiempo, nos sea posible conquistar el poder. Nuestra consigna es sencilla: ¡abajo la propiedad privada! Todos los medios de producción para el pueblo. Todo el poder para el pueblo. Trabajo obligatorio para todos. Podéis ver que no somos sediciosos.

-Se lo ruego, aténgase a los hechos -dijo el Presidente con voz fuerte y clara.

Se había vuelto hacia Paul y lo miraba. Pareció a la madre que sus ojos mortecinos brillaban con un fulgor malvado y ávido. Todos los jueces miraban al joven con ojos que parecían pegarse a su rostro, adherirse a su cuerpo para chuparle la sangre y reanimar con ella su caduco organismo. El, erguido en toda su altura, se mantenía firme y seguro, tendía el brazo hacia ellos, y con su voz precisa, sin gritar, decía:

-Somos revolucionarios, y lo seremos mientras unos no hagan sino mandar y los otros sino trabajar. Lucharemos contra la sociedad que os ha ordenado defender sus intereses, y de la que somos adversarios irreductibles, como lo somos de vosotros. La reconciliación no será posible mientras no hayamos vencido. ¡Y los obreros, venceremos! Vuestros mandatarios están muy lejos de ser tan fuertes como se figuran. Los bienes que amasan y protegen, sacrificando a los millones de seres que han esclavizado, esta misma fuerza que les da poder sobre nosotros, provocan entre ellos roces y antagonismos, y los arruinan física y moralmente.

La propiedad exige una tensión demasiado grande para su defensa, y en realidad, vosotros, nuestros amos, sois más esclavos que nosotros, que sólo lo somos corporalmente, mientras vosotros lo sois en el espíritu. No podéis liberaros del yugo de las convenciones y costumbres que os matan moralmente.

En nosotros nada impide la libertad interior, y los venenos con que nos intoxicáis son más débiles que los contravenenos que vosotros mismos, sin proponéroslo, vertéis en nuestra conciencia. Esta conciencia crece, desarrollándose incesantemente, se enciende más cada vez, y arrastra consigo todo lo que hay de mejor y más moralmente sano, incluso en vuestra clase... No tenéis ya a nadie que pueda luchar ideológicamente en nombre de vuestro poder; habéis agotado ya todos los argumentos capaces de protegeros contra el asalto de la justicia histórica; no podéis crear nada nuevo en el dominio de las ideas; sois intelectualmente estériles.

Nuestras ideas progresan en claridad, se apoderan de la masa del pueblo y la organizan con vistas a la lucha por la libertad. La conciencia de la gran misión de la clase obrera une a todos los trabajadores del mundo en una sola alma, y no podéis detener el proceso de renovación de la vida, más que con la crueldad y el cinismo. Pero el cinismo es patente y la crueldad engendra la cólera. Y las manos que hoy nos estrangulan, estrecharán muy pronto las nuestras en fraternal saludo. Vuestra energía es la energía mecánica del aumento del oro, y os une en grupos condenados a devorarse mutuamente. Nuestra energía es la fuerza viva de la conciencia, siempre creciente de la solidaridad entre todos los obreros.

Todo lo que hacéis es criminal, porque sólo va encaminado a esclavizar a los hombres. Nuestra labor liberará al mundo de los fantasmas y los monstruos engendrados por vuestra mentira, vuestro odio, vuestra avaricia, y destinados a aterrar al pueblo. Habéis arrancado el hombre a la vida y lo habéis aplastado. El socialismo agrupa a todo el universo destruido por vosotros en un solo ser grandioso, y triunfará.

Paul se detuvo un instante, y repitió más suavemente, pero con mayor fuerza:

-¡Y triunfará!

Los jueces murmuraban entre sí con extrañas muecas, sin separar de Paul sus ojos inquietos, y la madre tenía la impresión de que aquellas miradas manchaban el cuerpo flexible y sólido de su hijo, envidiándole la salud, la fuerza, la juventud. Los acusados escuchaban atentamente las palabras de su camarada, pálidos los rostros y brillantes de alegría los ojos. La madre bebía las frases de su hijo. Largos párrafos se grababan en su memoria. Varias veces, el viejecillo detuvo a Paul explicándole algo; incluso una vez sonrió con tristeza. Paul lo escuchaba en silencio, y luego continuaba con voz severa pero tranquila, dominando la atención de los jueces, cuya voluntad sometía a la suya.

Por fin, el viejecillo empezó a gritar, extendiendo la mano hacia Paul. Por toda respuesta, éste dijo con tono levemente irónico: -Termino. No quiero ofenderos personalmente, antes al contrario, debiendo asistir por fuerza a esta comedia que llamáis juicio, siento casi compasión por vosotros. A pesar de todo, sois seres humanos, y siempre es penoso ver a nadie, por muy hostil que sea a nuestro objetivo, descender de modo tan vil al servicio de la represión, perder hasta tal punto la conciencia de su dignidad de hombres.

el consumo, precisamente, nos consume (física y espiritualmente)

"No se trata de producir para la satisfacción de nuestras necesidades, sino que, por el contrario, se nos persuade a consumir y derrochar afin de que se produzca más", de Límites y amenazas del crecimiento salvaje en Una nueva civilización, por Roger Garaudy.

lunes, 11 de junio de 2007

UNA APLICACIÓN DEL ODIO COMO FACTOR DE LUCHA


Podríamos decir que un poco burda pero que importa.


Declaro que estoy absolutamente aburrido de ser humillado colectivamente por un arrogante y pretencioso payaso de circo barato. No es justo que un individuo con potencialmente graves problemas de índole sexual manifiestas en su actittud ridiculamente disconforme con el resto de la humanidad siga en una frágil nube de licenciado y magister.


No me gusta ser exhibido así sea en masa, por un individuo con limitaciones humanas e intelectuales considerables. Un abogadito de esos que creen tener a la idea de dios agarrada por los que le guindan, si es que existe y si es que le guindan...(uno nunca sabe)


Compañero Ernesto, como usted dijo, aunque "es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil"...la verdad es que "nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla"...por lo que hay que ejercer "el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar"


Hay un millón de cosas más interesantes, importantes y urgentes que la paja jurídica vista como la máxima expresión de la experiencia humana. El derecho es un medio y no un fin.


Pero ni modo, aunque el sol brilla afuera hay que encerrarse en la ésteril oscuridad formalista del nuevo gran sabio autoproclamado, y salir de ésta.


¡Venceremos!

jueves, 7 de junio de 2007

Poema de Amor

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como "silver roll" y no como "gold roll"),
los que repararon la flota del Pacifico
en las bases de California,
los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
("me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño"),
las que llenaron los bares y burdeles
de todos los puertos y capitales de la zona
("La gruta azul", "El Calzoncito", "Happyland"),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la pagina roja,
los que nunca sabe nadie de donde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión a la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraron borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacifico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco mas de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes mas tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

Roque Dalton

sábado, 5 de mayo de 2007

¡feliz cumpleaños compañero!


189 años
(5 de mayo de 1818- 5 de mayo de 2007)

domingo, 29 de abril de 2007

Antonio Gramsci ( 22 de enero 1891 - 27 de abril de 1937)

La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?

jueves, 26 de abril de 2007